¿Se pueden gestionar las emociones? (I)

 

¿Alguna vez te has planteado gestionar tus emociones?

Para muchas personas gestionar sus emociones puede convertirse en un auténtico reto. A menudo, podemos sentirnos dominados por ellas hasta provocarnos un sufrimiento que, habitualmente, no es acorde con la situación que estamos viviendo. Cualquier persona en algún momento de su vida experimentará alguna situación dolorosa, aunque, en realidad, nuestra trayectoria vital no suele estar ocupada por estos hechos. Sin embargo, si nos puede ocurrir con frecuencia que las emociones negativas que acompañan a estos sucesos se instalen en nuestro pensamiento. Una disminución de energía e ilusión puede entonces afectar el normal desarrollo de nuestras actividades cotidianas, llegando incluso a perjudicar el trato con el entorno inmediato.

Nuestros sentimientos se instalan en un momento concreto ya pasado, que nos aleja del momento presente, quedando atrapados en el sufrimiento continuo. La capacidad de adaptación a la realidad mengua y la flexibilidad que habitualmente presentaríamos ante diversos acontecimientos se convierte poco a poco en una pesada losa que nos dificulta avanzar. ¿Qué ocurre para que cualquier situación experimentada se convierta en una dificultad, en un conflicto en potencia? Las emociones forman parte de las diferentes estrategias que el cerebro humano ha desarrollado para favorecer nuestra supervivencia. Forman parte de la herencia transmitida por nuestro ADN y nos permiten afrontar las diferentes situaciones vitales con la mayor eficiencia posible dentro de las circunstancias. Si, por poner un ejemplo cercano, nos encontramos un oso Grizzlye en un bosque de Alaska, seguramente el miedo nos hará salir corriendo, lo cual puede ser una buena táctica ante la enorme amenaza. Imaginémonos por un momento que ocurriría si en lugar de este sentimiento nos invadiera un agradable sentimiento de paz y amor por la naturaleza….

Resulta evidente que no analizamos una situación de amenaza como si se tratara de un agradable momento familiar. El miedo es una emoción que dispara los límites de nuestra energía para obtener una respuesta acorde con la situación. Huida, lucha o parálisis son las posibles respuestas específicas ante situaciones amenazantes. El dolor por la pérdida de un ser querido, la parálisis generada en esos momentos, no solo son normales si no que son necesarias para superar un trance tan desolador. Este tipo de respuestas obedecen a la necesidad del momento pero se convierten en problema cuando las adaptamos a nuestra conducta una vez el problema ha desaparecido y solo forma parte del pasado.

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